domingo, 16 de octubre de 2011

Texturas y luces, nadas y sombras.

Se ha tirado al suelo, sí tirado.

Siente bajo las palmas de sus manos granulos de arena. Asperos, fríos e incómodos.

Pero como conjunto se siente maravilloso. Una cama aspera, fría y dura, que al ser disfrutada es suave, fluída y acogedora. Acogedora, tal y como debe ser la naturaleza.

Siente eso, y juega, disfruta.

Sus manos se han convertido en rastrillos y mueven el maitencillo.

Su cuerpo contra la tierra, sus ojos casi pegados al suelo, sus ojos jugando maravillados, enfocando, desenfocando, planos y planos se descubren ante sí, las vistas panorámicas son geniales, sin embargo las vistas macro son de otro mundo. Ver el detalle, ver el detalle ese detalle del cual se hace el todo.

Sus manos son rastrillos y atraen la tierra a sus ojos se maravilla al ver como una pequeña ola que abarca todo se aproxima al humedal de sus ojos, podrían terminar siendo barro, pero no lo será.

Los granos de arena van cayendo poco a poco hasta volver al principio; una rueda sin unidad, compuesta por miles y miles de roquitas, roquitas con puntitos negros… y se ven todos tan iguales, pero NO, cada uno tan diferente, en la naturaleza REAL no hay gemelos. Solo en el parasito humano puede existir algo así.

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