lunes, 13 de agosto de 2012

08/03/2011


Existe un estado en el cual uno se siente rendido ante el mundo, sin embargo no es esa sensación negativa de rendirse, es ese “dejar ir” y aferrarse a lo que no se irá.
No, no es rendirse, es aceptar y ser feliz con lo poco, suficiente o mucho que tengas. Así me siento.
Este lugar, este lugar de idas y venidas… veo a mí alrededor y solo veo historias y sentimientos concentrados… Mas me veo a mi y veo cotidianidad, rutina. Me siento casi como en mi habitación, en algo tan típico como escribir cómo me siento. Recibiendo noticias devastadoras tal como lo haría en casa.
Y mis pensamientos son los mismos que en cualquier lado, nubes de pensamientos confusos, atisbos de ataques de ira y unas cuantas y limitadas lágrimas concentradas en mi mirada.
Todo como siempre, nada fuera de lo normal.
Nada fuera de lo normal.
Y esta situación que antes me mataba, esta sensación que antes destruía mi mundo… se siente más familiar que cualquier otra cosa. Devastadoramente acogedora.
Mil cosas malas, un par de cosas buenas y a esas pequeñas maravillas me aferro… no importa qué tan insignificantes puedan ser, para mi son felicidad y para mí eso es el mundo entero, eso es vida pura;
Mundo y vida eso jamás será insignificante. 





Esto parece tener más sentido ahora del que tuvo hace un año y medio atrás.


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