
Aún recuerdo el momento en que nos tomaron esa foto, sí, exactamente esa, ya que durante ese día nuestra madre nos cansó con el lente de la cámara, era entendible, pronto sería la única imagen en las que se nos viera juntos por un prolongado tiempo. Cada vez que miro esta fotografía se me vienen a la mente mil imágenes, situaciones y sensaciones, ya que se remonta a un momento que marca un fin y como todo fin da inicio a algo nuevo.
Los sentimientos que me produce esta fotografía son increíblemente opuestos pero igualmente fuertes.
Creo que primero debería describir está imagen, quizás de esta forma mis palabras, como pocas veces, tengan un sentido, y se logre entender el origen del caudal de emociones que en mi causa.
Era un día caluroso, lo sé porque estábamos en Buenos Aires y era verano… Caluroso y húmedo probablemente. Esos días salíamos mucho en familia como si de alguna forma intentáramos recuperar el tiempo perdido que jamás percibimos perder y como si de alguna forma estuviésemos adelantándonos a las ausencias futuras.
Típico intentar enmendar errores en periodos cortos, pero son errores grandes que posiblemente no se remedien ni en un vida entera…
… Me agradan de una forma casi exagerada los colores, o mejor dicho la gama de colores, de esta fotografía; Blanco y negro. Retrata de macabra forma lo nostálgico de aquella situación. Tres figuras, tres historias, tres hermanos compartiendo un dolor y una duda, ambas desde distintos puntos, pero dolor y duda de todas formas. Nuestras expresiones eran duras y un tanto serias, como si esa mirada hubiese estado dirigida a quien se escondía detrás del lente.
Aún cuando miro nuestras expresiones puedo leer y recordar la tensión, esa tensión causada por saber lo que viene y no quererlo, saber que algo indeseable sea próxima y no querer mencionarlo así, de esta forma, sentirlo más irreal… Lo ingenuo de “si no lo digo en voz alta no existe”, pero existía, esa pronta separación y comienzo de sanación existía y lo supe, lo sé lo sabré porque aquello que no nos atrevíamos a mencionar por la voz se hacía presente en nuestro actuar exclamando minuto a minuto el desacuerdo y dolor que la distancia nos significaba. Por un lado mi hermana de 19 años tendría que enfrentar una vida sin padre, sin madre o hermanos. Por otro, mi hermano se enfrentaría a la educación universitaria en Buenos Aires y finalmente yo, sintiendo como todo un mundo se venía abajo sin posibilidad alguna de de surgimiento; Completa destrucción de la figura materna y reafirmación total de la figura de ameba de mi papá. Cambio de casa, colegio, ciudad y país. Completo cambio de vida, pero jamás pude olvidar lo anteriormente vivido, desde entonces vivo extrañando y vivo sintiéndome como una completa extraña en mi propia vida.
Olvidar es inaceptable ya que cuando no queda nada, siempre se tiene el recuerdo y un pasado que acredita tu existencia.
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